Pintar este díptico me trajo recuerdos de mi infancia en Gracias a Dios: las mañanas comiendo cereal preparado por mi madre, dibujando con mi padre bajo el árbol de mango, las vacas frente a la casa, Tomy, nuestro perro, y la dulzura de los días sencillos.
Regresar a este lugar fue un viaje de nostalgia, ternura y gratitud. Lloré mientras pintaba, pero entendí que el arte es mi forma de transformar lo que siento y compartirlo con el mundo.
Estos lienzos son un homenaje a ese tiempo luminoso que aún vive dentro de mí..